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30 de junio de 2012

Confiar en Dios


La vida puede ser una experiencia  difícil y compleja. ¿No es bueno saber que hay alguien que vigila por nosotras y nunca nos deja, ni en las buenas, ni en las malas? Hoy podemos decidir depositar todas nuestras preocupaciones en el hueco de la mano de Dios.
En el salmo 121: 1-2, el salmista dice:”Levantaré mis ojos a los montes: ¿de donde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra.”   Este hombre conoció el consuelo y la paz de descansar al cuidado de alguien más grande que él.
Esa misma paz y consuelo continúan estando disponibles hoy, sólo tenemos que pedirlos.

29 de mayo de 2012

Creadas a su semejanza

Como Él nos ve


¡Cuántos conflictos internos surgen del no aceptarse a uno mismo! Y es algo que va más a llá de esos “gustos paradójicos” que todas solemos tener: si tenés cabellos lacios, querés rulos y si tenés rulos, te los planchás, etc. El concepto cultural de belleza está plagado de contradicciones, y con su desequilibrio  causa estragos en las vidas de las mujeres. Un tema que nos atañe a todas.  Mujeres de toda edad sufren los efectos de los caprichos de la moda al punto de poner en riesgo su salud y su vida. ¡Tu belleza viene del Cielo!..Una belleza que no se marchita y que no se sujeta a los estándares de la tierra, porque viene del Padre. La salud física y emocional comienza con el aceptarnos y mirarnos con una óptica diferente, con los patrones de la “estética del cielo”. No te midas por los parámetros erróneos que atentan contra tu vida.  Dios “todo lo hizo hermoso”; Él nos creó a su semejanza. Y más aun: Él se reserva el derecho de ¡hermosear a sus hijos! Que Él abra tus ojos hoy para que veas la belleza de Dios en vos misma y en los demás-esa belleza que resalta por ser única. Tener hábitos sanos, amarse y cuidarse, significa valorar lo que Dios considera lo más valioso del universo: tu vida y tu persona. “...Hermoseará a los humildes con su salvación”  (Salmo 149: 4b)

28 de mayo de 2012

Alcanzando el futuro

 Tenemos un futuro único y diseñado por Dios. ¿Cómo alcanzarlo?


El mundo está temeroso de un mañana incierto. Sin embargo la Biblia dice: “Hay esperanza para tu porvenir”. El pasado se fue; el presente es fugaz, pero el futuro está en tus manos, en cierta forma, porque vos decidís. Podés modificarlo con la ayuda de Dios. Él determinó para sus hijos un tiempo de gloria. Aunque muchos temen al futuro, podemos  confiar en el Dios que no miente, en cuyas manos están los tiempos. Él cumple lo que promete. “El Señor cumplirá su propósito en mí...” (Sal.138:8). Él allana el camino al futuro.
Te lleva de la mano para que no tengas temor. Podés andar con paso firme, surcando los tiempos: Dios diseñó tu vida. Él tiene  en cuenta los detalles que tanto te preocupan. Ha trazado tu sendero y te acompaña. Camino que no es idílico pero sí de una vida en plenitud, y gozo. A ese futuro lo forjamos hoy, desde las resoluciones cotidianas. Cada decisión sabia nos acerca a él. Podemos determinarnos a honrar a Dios. Decidite a alcanzar tu futuro, porque al hacerlo edificás tu vida individual, tu familia y cumplís esos proyectos sembrados por Dios, que en definitiva son parte del Reino que extendemos juntas. No temas al futuro.¡Actuá con valentía en pos de él!

Marcas

Hay una historia personal que escribimos cada día. Dejá que Dios te guíe. Vamos dejando una huella. Dejá que Dios la imprima y será indeleble, Dejamos marcas dondequiera que vamos. En el trabajo o el hogar, en la escuela o en el gimnasio, en la iglesia o en el club, en la calle o en un café; con palabras o en silencio.  Nuestra vida misma es una influencia, que grabará huellas en otras vidas.  Demos prioridad al amor, porque el  amor de Dios sana.

23 de abril de 2012

Vulnerables, ¡Pero invencibles!


Vos y yo, como Él nos ve


Se dice, que las mujeres somos vulnerables, frágiles, necesitadas de protección y afecto, débiles… Sin embargo ¡somos invencibles!... ¿Cómo? Todo comienza con una decisión. En la vida podemos tomar decisiones sensatas que nos permiten avanzar, crecer, y ayudar a otros. Pero la más importante de todas es creer y confiar en Dios. La Biblia dice que Dios s escudo a nuestro alrededor. Con Él podemos afrontar todas las circunstancias. “Mujeres fuertes”, sepamos que “nadie será fuerte en su propia fuerza”. Es Dios quien pone en nosotras fuerza y dignidad. ¿Querés ser invencible? Dale tu vida a Dios y no niegues tu debilidad. Entonces El, el Fuerte, será tu fortaleza.
El evangelio no es simplista pero sí sencillo: ¿Dios promete su fuerza invencible a los vulnerables! Te rendís, y te hace “más que vencedor”. No dejás de ser frágil, pero Dios se hace cargo de tu fragilidad. Te capacita para superar las dificultades. Te da sabiduría para hacer el bien. Mujer, ¡que tu debilidad no te intimide, ni te limite! El Señor nos capacita para hacer lo imposible. Cuando te sientas “demasiado vulnerable” refúgiate en Dios y en su Palabra; y simplemente confía en Él. ¡Te vas a sorprender!

Belleza


Todas queremos vernos hermosas y radiantes, ¿no es cierto?. El secreto para estar lindas en todo momento es ocuparnos de nuestra condición espiritual. Porque “la moda no maquilla el corazón”… Dios promete un corazón nuevo a todos los que quieran recibirlo. Si tu corazón es nuevo, colorea y hace hermosa tu vida.
¿Y si mientras disfrutamos la buena moda, nos llenamos con el Espíritu Santo para que Él nos vista de honra y dignidad? Eso nos dará una belleza que no desaparece con los años, ¡sino que aumenta!. Mientras adornás tu cuerpo, dejá que el corazón brille.
Los accesorios externos pueden atraer las miradas humanas, pero la hermosura del alma atrae la mirada de Dios, el dador de tu belleza.

Tu vida puede cambiar hoy


Dijo Jesús: “Yo he venido para que tengan vida…” Vos podés tenerla; es un regalo de Dios. Si creés que Jesucristo es el Hijo de Dios, y querés recibirlo en tu corazón por la fe, pedíselo así: “Señor Jesús, reconozco que te necesito; perdóname mis pecados y ayudame a vivir esa vida que prometiste a los que creen en vos. Entrá en mi corazón, te recibo como mi Salvador y Señor. Te acepto y te doy mi vida. ¡Gracias, Señor! Amén.
¡Dios te bendiga!